El TDAH en los niños

En el artículo de hoy hablaremos de como afrontar como padres el TDAH. Ser padres es uno de los roles más hermosos de la vida. Nuestros hijos son el motor que nos impulsa cada día a levantarnos de la cama. Saber que nuestros niños dependen de nosotros nos motiva a pelear con el despertador. A luchar por darles una mejor calidad de vida. En ocasiones podemos pensar que nuestras responsabilidades son titánicas. Y a veces hasta necesitamos recurrir a unos cuantos consejos de la abuela para brindarles una buena crianza.

El TDAH en los niños

Nuestra responsabilidad nunca termina, en cualquier etapa de la vida de nuestros hijos queremos velar por ellos, incluso cuando ya son grandes y no viven en casa. Pero en la edad infantil solemos preocuparnos por su crecimiento y miramos con más atención su desarrollo.

Los niños suelen ser alegres, curiosos y creativos, sus ocurrencias representan toda una dosis de amor en nuestras vidas. Estos chiquillos parecen tener un motorcito con una pila llena de energía, que ¡dura dura y dura! A veces resulta fortalecedor y otras agotador. Sin embargo la falta de quietud en los niños suele ser motivo de preocupación para muchos padres. Y esto se debe a que su desarrollo puede verse afectado por el TDAH.

¿Qué significa TDAH?

Sus siglas son producto de una investigación médica descubierta durante la década de 1970, se denomina Trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el TDAH es un problema que afecta a los niños en edades tempranas de 6 a 12 años.

¿Cómo saber si nuestro niño tiene TDAH?

Para saber si nuestro niño sufre de Trastorno por déficit de atención e hiperactividad, lo primero que debemos hacer es observarlo, y chequear si presenta alguno de estos síntomas:

  • Le cuesta prestar atención cuando le hablas.

  • En el colegio se muestra inquieto durante una actividad.

  • Olvida con frecuencia en el salón de clases la lonchera y su bolso.

  • Comete errores en las actividades escolares por descuido

  • Nunca recuerda que tareas tiene pendiente por realizar

  • Su habitación siempre es un desastre debido al poco orden que lleva.

  • No mantiene hábitos y rutinas

  • Brinca, camina y corre de un lado para otro sin parar.

  • No se sienta ni para comer

  • Sus juegos son bruscos e inactivos.

  • Suele interrumpir conversaciones.

  • No para de hablar.

No todas estas características pueden necesariamente significar TDAH, pero si al observar continuamente a tu niño, crees que tiene alguno de estos síntomas y podría estar sufriendo trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), lo más recomendable es que acudas a una consulta con un psicólogo infantil, que pueda determinar a través de distintas sesiones si tu hijo sufre TDAH.

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¿Cómo debemos afrontarlo como padres?

Lo primero que debes hacer es conservar la calma, sabemos que para nosotros la salud de nuestros niños es lo más importante, y es entendible que cualquier diagnostico que pueda afectar el desarrollo de nuestros pequeñitos, nos preocupe.

Ante todo debes saber que puedes hacer mucho por tu hijo, ya tienes el diagnostico, y debes asumir principalmente que tu niño sufre este trastorno. El negar que tu hijo sufre de TDAH no ayudara para nada a tu niño, solo conseguirás obtener un bloqueo emocional que en el futuro puede afectar el desenvolvimiento normal de tu hijo.

No es tu culpa, olvídate de abrigar sentimientos de culpabilidad por el trastorno de TDAH que tu niño está sufriendo, es importante afrontar y entender que esto no servirá nada, NO debes culparte, ni mucho menos permitir que alguien lo haga.

Olvídate de la sociedad, con esto no quiero decir que debes encerrarte en una cúpula mágica para alejarte de las críticas y comentarios que puedan hacer las personas que se encuentran en tu entorno familiar. Simplemente debes hacer caso omiso a las personas malintencionadas que quieran llenarte de sentimientos tóxicos, y opiniones malsanas, hay personas que a veces ¡opinan hasta por el sabor del agua!

Debes afrontar como padre la posición de protector, tu niño necesita una gran dosis de amor diaria, lleva a tu niño a las terapias, ¡acompáñalo y motívalo! Coordina con la gente de su entorno sobre las actividades que deben hacer para buscarle una solución a esta afección.

Así que ¡tranquilo no es nada del otro mundo, tú puedes hacer mucho por tu hijo!

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