Cocinando en casa: ¿de qué está hecha la gelatina?

Al momento de decidir sobre nuestra alimentación, es muy importante poder saber realmente qué estamos consumiendo cuando estes cocinando en casa. Por eso, se vuelve clave saber leer los paquetes y envoltorios de la comida que compramos, y entender de qué están hechos. Analicemos ahora de qué está hecha la gelatina.

¿De qué está hecha la gelatina?

Pues bien, la gelatina está hecha principalmente de colágeno. El mismo que se encuentra entre nuestros huesos, pero en este caso se utiliza principalmente una selección de tejidos de novillos, cerdos y terneros. Ese tejido está compuesto de piel, huesos, tendones y cartílagos, que luego, avanzando en su proceso de producción, se volverá un tejido gelatinoso. A posteriori, la gelatina pasará un proceso térmico y de homogeneización. No te preocupes, no estarás comiendo directamente material orgánico, ya que en una de sus últimas etapas se realiza una filtración, evaporación y esterilización del producto para que no quede ningún tipo de bacterias o patógenos.  

Al mismo tiempo, la gelatina es un componente que se usa como ingrediente en muchísimos productos, incluso en la industria farmacéutica para recubrir medicamentos y vitaminas, haciéndolos más fáciles de consumir (y de tragar). 

La cosmética, por su parte, la utiliza como alta fuente de colágeno en sus productos para la piel y el cabello, como también en mascarillas faciales. Mientras que en la repostería la utilizan para lograr texturas en distintos postres, las industrias que elaboran productos proteicos para deportistas la utilizan constantemente.

Entonces, ¿es sana o no?

Como decíamos al comienzo, lo ideal es consumir los productos más sanos posibles, comprendiendo todos sus ingredientes. Entonces, si eliges comprar una gelatina que esté mezclada en sus componentes con azúcar, edulcorantes y zumos, o estabilizantes y aromas… Ya estaría siendo un producto ultra procesado, no tan sano. 

Lo ideal sería que puedas elegir la gelatina más ‘pura’ o neutra posible. Tú mismo podrás elegir en tu cocina qué frutas naturales agregarle, qué zumos o qué endulzantes. 

Cocinar más sano: cocinar en casa

Probablemente lo sepas o lo hayas escuchado: cocinar más sano implica cocinar en casa, o al menos conocer quiénes están cocinando tu comida en su proceso de producción. Esto implica más conocimiento sobre cómo te alimentas y cómo puedes mejorar tu alimentación. Si no te gusta cocinar, no sabes o no puedes, apostar a pequeños emprendimientos o negocios locales muchas veces facilita la tarea y nos permite llevar una vida más saludable. 

Respecto a esto, ¡no hace falta tener demasiado en casa para poder lograrlo! Unos dos recipientes para el horno, una tartera, una plancha de calidad y una cacerola u olla harán que estés cubierto. Debemos derribar el mito de que cocinar bien implica tener un millón de utensilios y elementos en tu cocina. Basta tener los necesarios y que funcionen bien para estar bien equipados y ocuparnos de nuestras comidas. 

Una buena cocina nos alimenta mejor 

Para lograr una cocina óptima es importante saber cuáles son los muebles de cocina que mejor van con nosotros y nuestro estilo de vida. 

Por ejemplo, si tienes niños o problemas de cintura, lo mejor para tí será tener unas buenas sillas bajas con un buen respaldo: nada de sillas altas con respaldos cortos, pues debes apostar a la practicidad. Por otro lado, debes conocer los diferentes tipos de fregaderos que hay en el mercado, como también las encimeras de gas. Generalmente, las encimeras eléctricas son muy vistosas y prácticas, pero si tienes niños o personas mayores viviendo contigo, será más fácil apretar un botón y quemarse la mano…

Al mismo tiempo, debes saber que no necesitas un gran presupuesto para tener una buena cocina: una buena cocina es aquella que nos queda práctica. Hay un dicho que dice “la casa es para utilizarla”, y la cocina debe adaptarse a tus necesidades. Si es cómoda, resuelve tu cotidiano y logras cocinar en ella sin problema, será la mejor cocina para ti.

Cocinar en casa

Presupuestos para la cocina

Así como dijimos que no es necesario un presupuesto exorbitante para tener una cocina equipada en pos de nuestras necesidades, tampoco es necesario un gran presupuesto para comer sano o mejor. La clave está en poder comer de forma equilibrada todos los grupos alimentarios -con la excepción de que tengamos alguna restricción médica, claro-. Lo mismo sucede con la decoración de la cocina: no hace falta mucho para que sea práctica, acogedora, y quieras pasar tiempo en ella. Seguramente siempre has soñado con tener una cocina ‘de revista’, pero debes saber que las cocinas deben ser tal cual las necesitemos: con música para entretenernos, o con buenas luces para ver bien lo que cortamos, alejadas de la casa o cerca de la sala de estar, con muebles altos o bajos dependiendo de tu estatura. ¡Da igual! Tú sabrás qué necesitas en ella para pasarte el rato cuidando de tu salud y la de tus cercanos: cocinando. 

Salud visual: la iluminación natural

Por otro lado, un aspecto importante a tener en cuenta en tu cocina es la iluminación. Siempre debemos priorizar la entrada de luz natural, siendo lo más saludable para nuestros ojos y nuestra visión: no encontraremos nada más cómodo al momento de utilizar el espacio de nuestra cocina. Sin embargo, si no tienes una entrada directa de luz natural en el ambiente, puedes elegir unas bombillas de luz cálida que, de forma direccionada, puedan iluminar particularmente tu encimera. 

Los espacios físicos que habitamos son claves en nuestra salud, y también pueden ser vistosos y operativos con un bajo precio, como es el caso con las mesas auxiliares que tan prácticas son y que nos dan una gran mano para ordenar nuestros espacios. Como decíamos previamente, una buena cocina es aquella que nos sienta bien para lo que necesitamos en lo cotidiano, por eso una buena mesa despejada o una encimera para trabajar y cortar nuestros alimentos de forma cómoda son innegociables, al igual que la luz. 

Los colores serán grandes aliados para esto. Si bien algunos colores oscuros, como el gris y el negro pueden dar una impresión de profundidad en los ambientes, haciéndolos verse más grandes, la realidad es que no hay color tan pulcro o ‘limpio’ como el blanco. Lo opuesto sucede con el color negro: todo lo que salpique en tu cocina quedará en evidencia con este color. Sin embargo, una combinación de paredes blancas con detalles o azulejos en colores cálidos como el rojo, el verde, o el amarillo, nos remitirán a colores alegres y hogareños que combinarán con nuestros menús.

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