Ayer, sin saber por qué, sentí un fuerte dolor en la rodilla, parecía que estuviera rota de tan fuerte que era; durante la noche me acordé de los beneficios del ajo crudo en ayunas y esta mañana tomé uno; primero lo machaqué pues sabía que teniéndolo que masticar me iba a ser imposible tomarlo; seguidamente bebí agua para poderlo tragar; sentí una reacción que no esperaba: náuseas y una sensación desagradable; desayuné y poco a poco el dolor de rodilla casi desapareció. Mañana tomaré otro y pasado también y todos los días que pueda pues creo que la primera sensación desagradable irá desapareciendo. Espero que os animéis vosotros porque siempre será mejor un ajo que un medicamento.